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La paja del arroz en el punto de mira de las instituciones
01 de Agosto de 2017

Cada año, cuando acaba la cosecha del arroz, vuelve la polémica sobre la gestión de sus residuos, pues a pesar del valor ecológico y paisajístico del Parque Natural, los residuos que se derivan de estos cultivos suponen un grave problema medioambiental.

Actualmente únicamente se aplican dos métodos para deshacerse de la paja de unas 14.000 hectáreas de arrozales, cerca de 100.000 toneladas de residuos: quemarlos o el fangueo. También se puede dejar la paja seca, y que se vaya descomponiendo al mismo tiempo que comienza a entrar el agua en los campos. Pero ninguna de las opciones está libre de perjuicios.

La descomposición de la paja, con la emisión correspondiente de metano -uno de los gases de efecto invernadero (GEI)- provoca la muerte de miles de peces y un olor a putrefacción que se extiende por los arrozales y atrae a los mosquitos. Además, todo ello se acentúa cuando los campos comienzan a inundarse, y el agua adquiere color negro. Hay que sumar, también, la proliferación de enfermedades y plagas que se propagan por el agua, con las consecuentes daños a la futura cosecha. 

Por lo que respecta al fangueo, se trata de triturar los restos vegetales y mezclarlos con la tierra del campo húmeda. Pero una investigación publicada el año pasado en el proyecto LIFE EBRO-ADMICLIM puso de manifiesto que de octubre a diciembre, la época en la que tiene lugar el fangueo, se emite el 70% del total de metano derivado del cultivo del arroz. El trabajo de este grupo advertía también que el arroz cultivado en condiciones de inundación está considerado una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente, de metano y de óxido nitroso.

Antiguamente, en el año 2011, un estudio dirigido por el investigador Antonio Torres, del Instituto de Ciencia y Tecnología Animal – Universitat Politècnica de València (ICTA-UPV), puso de manifiesto que el fangueo era más contaminante que la quema. Concretamente un 18%, teniendo en cuenta las emisiones de gases de efecto invernadero.

En llamas

Los rastrojos y los residuos agrícolas se han quemado siempre. Lo que pasa es que antes no se quemaba todo, sino sólo lo que sobraba espués de destinarse a la ganadería, a adobo, a combustible o incluso a la fabricación de papel. Pero des de que los cultivos fueron masivos, en octubre l’Horta de València se llenaba de llamas y de humo. 

Era el momento de la quema de la paja del arroz, una técnica que, además de acabar con los residuos, también contribuye a eliminar las semillas de las malas hierbas como Leersia oryzoides y las esporas de los hongos. Es la alternativa más sencilla y barata, pero tampoco exenta de contaminantes y sustancias que pueden tener un efecto tóxico o cancerígeno.

El 2014 otro estudio desarrollado por ICTA-UPV, en colaboración con FISABIO-Salut Pública, concluyó que la forma menos nociva de quemar la paja era cuando menos seca estuviera. Es decir, cuanto más húmeda está, más contamina su combustión.

Además, señalaba que hacía falta evitar las condiciones climatológicas que dirigen el humo hacia las poblaciones. Sin embargo, sus autores insisten en la necesidad de encontrar alternativas a esta quema, dándole otro uso a la paja, menos contaminante y costoso para los agricultores, que no cause incidencias respiratorias en el vecindario más próximo.

A pesar de ser una cuestión cíclica, que vuelve cada otoño, la polémica sobre la gestión de los residuos se magnificó el año pasado a aprtir de la decisión de la Conselleria d’Agricultura, Medi Ambient, Canvi Climàtic i Desenvolupament Rural. Aunque anteriormente se había prohibido la quema de la paja del arroz en el entorno del Parque Natural de La Albufera, la Generalitat lo autorizó, de manera excepcional, alegando razones fitosanitarias y a falta de otras alternativas viables.

La quema, sin embargo, había de ser controlada. Por ejemplo, entre la una y las seis de la tarde –cuando más seca está la paja, para evitar el humo– y sólo cuando no hubiera un índice elevado de peligro de incendio. La autoriación fue bien recibida por los arroceros, pero no por los grupos ecologistas, que siguen pidiendo alternativas menos contaminantes. 

 

En la búsqueda de la alternativa perfecta

Conscientes de la situación, tanto l’Ajuntament de València como la Generalitat Valenciana se han puesto las pilas para encontrar alternativas viables y respetuosas con el medio ambiente. Como resultado del compromiso adquirido con el sector y con los municipios el entorno de la Albufera, a enero la Consellería de Agricultura, Medio Ambiente, Cambio Climático y Desarrollo Rural constituyó la Comisión Técnica para el Estudio de Alternativas a la Quema de la Paja del Arroz. Su mayor reto es reducir en las siguientes campañas la quema de este residuo hasta hacerla totalmente prescindible. Algunas de las alternativas que se citaron en esa primera reunión fueron el uso en procesos de compostaje de residuos urbanos o en la producción de envases biodegradables.

Otra opción es transformar la paja del arroz de La Albufera en una fuente de energía capaz de generar calor o electricidad, y también, bioproductos. Esta es la propuesta de Rice2Rice, un proyecto liderado por el Instituto Tecnológico de la Enregía, con el apoyo de la Conselleria d’Agricultura, Medi Ambient, Canvi CLimàtic i Desenvolupament Rural, y de la Conselleria d’Economia Sostenible, Sectors Productius, Comerç i Treball. L’IVACE y el FEDER se encargaron de cofinanciarlo.

Por otra parte, l’Ajuntament de València contribuye en el projecto LIFE “Climate Change mitigation trough an innovative goat feed based on agricultural waste recycling” (Mitigación del cambio climático mediante un innovador alimento para cabras basado en el reciclaje de residuos agrícoles). Se trata de una iniciativa de carácter mixto público-privado, que cuenta con un presupuesto de 1.174.439 euros financiados en un 60% por la Unión Europea. El proyecto está coordinado por La Unió de Llauradors i Ramaders y tambén participan l’Ajuntament de la Vall d’Uixó, la UPV, Airatec SL, Unión de Productores de Caprino, la Fundació Low Carbon Economy y la consultora italiana Area Europa.

Según información facilitada por José Castro León, director de proyectos de La Unió, algunos de los objectivos generales son la aplicación de nuevas prácticas de bajas emisiones en agricultura y ganadería con un impacto transformacional; la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en cultivos de cítricos y arroz mediante la valorización y no quemando los residuos generados; la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en la fermentación entérica de la ganadería caprina lechera (es decir las que producen para la digestión), mediante el uso de nuevos alimentos bajos en carbono; o la contribución a la implementación y al desarrollo de una nueva legislación en la mitigación del cambio climático acorde con las políticas de la Unión Europea.

 

La otra quema

L’Ajuntament de València colabora con un projecte de la UPV que trata de conseguir nuevos materiales, más sostenibles y menos contaminantes, para la construccinó de monuments falleros. De hecho, este año, la falla municipal ya ha contado con ninots hechos con paja del arroz como alternativa al corcho blanco. Pere Fuset, regidor de Cultura Festiva, explica al periódico La Veu que “esta línia de investigación es prioritaria para avanzar hacia unas fallas más limpias y sostenibles en el futuro”. De esta manera, no se producirían las emisiones de la quema de la paja en los arrozares y de la Cremà de las Fallas, sino que se unificarían en una sola.

Mercavalència, a través de la nueva incubadora agroalimentaria Agro-Lab, también tiene en sus manos encontrar alternativas a la gestión de la paja del arroz. Agro-Lab nace con la misión de contribuir a la creación de un sistema alimentario local i sostenible a València basado en la producción de proximidad, en el respeto al medio ambiente, a la salud y a los consumidores, y en los principios de la economía solidaria. Con esa finalidad, Mercavalència, en colaboración con la Càtedra Terra Ciutadana de la UPV, Las Naves y la Regidoría d’Agricultura de València, abrió en junio una convocatoria para proyectos sostenibles. Una de las dos iniciativas premiadas busca darle otro uso a la paja; concretamente, aprovechándola para la producción de substratos de cultivos para hongos y setas comestibles y medicinales.

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